AUGUSTOOPPO 1939–2015
Contacto

Lectura crítica

Pesce volante: un cuerpo oscuro atravesado por el color

En Pesce volante, un perfil animal apenas reconocible se convierte en una construcción de abanicos negros, piezas turquesas y acentos anaranjados. El título orienta la lectura, pero no agota la forma.

ASO-0047: Pesce volante de Augusto Salvatore Oppo, denominación catalográfica del Archivo

Lectura crítica

La ficha de Pesce volante presenta una obra sobre papel de 70 × 50 cm, sin fecha, con la técnica indicada prudentemente como «acuarela o témpera». El título es una denominación catalográfica del Archivo, no un título autógrafo documentado. En la imagen, sin embargo, la lectura animal encuentra apoyos concretos: a la izquierda, un gran círculo claro dentro de una masa negra funciona como ojo; de ese núcleo se desarrollan un perfil curvo y un cuerpo que se ensancha hacia la derecha. La obra no exige reconocer una especie. Hace oscilar la mirada entre la figura del pez y una estructura abstracta de segmentos, abanicos y campos cromáticos.

La forma principal ocupa casi todo el formato horizontal. A la izquierda, el perfil oscuro se redondea alrededor del ojo y se curva hacia el borde inferior. De la parte alta se elevan varios radios anchos, negros y pardos: algunos curvados como aletas, otros más próximos a cuchillas. El abanico más amplio llega casi al borde superior; dos grupos menores se abren a su derecha. El azul claro del fondo sigue visible entre las aberturas y permite distinguir cada separación. La figura parece expandirse sin perder el centro: los radios convergen en la gran masa negra situada algo por debajo de la mitad de la imagen.

En el centro y hacia la derecha, el cuerpo cambia de consistencia. No es un campo compacto: piezas irregulares de turquesa, azul intenso, verde y pequeños amarillos se disponen bajo una red de trazos oscuros. Su distribución sugiere escamas o fragmentos reflectantes sin convertirse en descripción naturalista. Las zonas más luminosas emergen del negro como aberturas; en otros lugares, los colores parecen interrumpidos por signos rápidos. Esta trama menuda ralentiza la mirada después del impacto inicial del gran perfil. De lejos domina la silueta; de cerca se impone el trabajo de los detalles.

La paleta funciona mediante contrastes. El campo celeste es relativamente continuo, con ligeras variaciones; el cuerpo oscuro reúne negros cálidos, azules, verdes y rojos quemados. El naranja recorre algunas aletas superiores y reaparece en fragmentos a la derecha y abajo. No traza un contorno único: ilumina por tramos los bordes, como si la forma se encendiera y apagara. También el pequeño blanco rosado del ojo está aislado y por eso adquiere un peso desproporcionado respecto a su tamaño. La tensión cromática mantiene unidas la lectura figurativa y la puramente compositiva.

En la parte baja aparecen segmentos claros y ocres que pueden recordar aletas, astillas o un reflejo. No están alineados en una sola dirección. La masa negra los engloba y a la vez deja que sobresalgan, impidiendo que la figura se cierre en una silueta fácil. El azul más oscuro de la franja inferior se distingue del celeste del fondo superior sin formar un horizonte nítido. El entorno queda, por tanto, indeterminado: el pez puede parecer suspendido en el agua, en el aire o en un espacio pictórico que no coincide con ninguno de los dos. El verbo «volar» del título encuentra aquí su ambigüedad visual.

La comparación con Maree, fechada en 1985, permite precisar una diferencia. Maree distribuye el azul en campos y tramas horizontales, con un núcleo luminoso amarillo verdoso y superficies laterales divididas. Pesce volante utiliza azules y turquesas dentro de un cuerpo oscuro que estalla radialmente. En ambas obras, el color construye movimiento sin recurrir a una descripción literal de olas; solo en la segunda, sin embargo, el ojo y el perfil llevan hacia la figura. La afinidad cromática no proporciona una fecha para la obra no fechada.

Aspectos críticos

La primera cautela se refiere al título. «Pesce volante» es una solución del Archivo útil para orientarse en el corpus, pero la fotografía no documenta que Oppo quisiera representar un animal determinado o dar a esta imagen un significado simbólico preciso. El ojo y el perfil son evidencias fuertes; los radios superiores pueden leerse como aletas, alas o prolongaciones de una estructura abstracta. La lectura más útil mantiene abiertas estas posibilidades. Llamar a la obra simplemente un pez reduciría las múltiples direcciones del signo a una ilustración zoológica.

La segunda cautela es técnica. La ficha propone acuarela o témpera sobre papel y deja sin resolver cuál de las dos. Unos colores parecen opacos y superpuestos, otros más ligeros; la reproducción no permite identificar con seguridad pigmentos, aglutinantes ni herramientas. Incluso los pequeños signos aparentemente raspados podrían deberse a la aplicación del color, a su sustracción o a diferencias de absorción del papel. El formato de 70 × 50 cm consta en la ficha, pero una observación directa permitiría comprobar el estado de la superficie, la firma y los márgenes. La fotografía basta para seguir la articulación de la forma, no para diagnosticar el procedimiento.

Con Mare e Cielo, de 1986, la comparación se refiere a la relación entre azul, negro y simplificación. En aquella obra, una forma oscura aislada flota sobre una larga línea horizontal y una superficie marina densamente marcada; Pesce volante llena, en cambio, casi todo el campo con un cuerpo recortado y no establece una línea de costa. La distinta distribución del vacío es decisiva. Mare e Cielo deja respirar un cielo amplio; aquí, los intervalos celestes quedan comprimidos por las aletas. Ambas obras muestran que para Oppo el paisaje marino puede surgir de unos pocos contrastes, pero no pertenecen necesariamente a una serie.

La figura de Pesce volante está atravesada por una tensión entre impulso y peso. Los radios se abren hacia arriba, mientras el núcleo central permanece oscuro y compacto. El ojo se sitúa a la izquierda, por lo que la mirada tiende primero a reconocer una cabeza y después a seguir el movimiento en sentido contrario, hacia la cola y los abanicos. El recorrido no es lineal: las piezas turquesas devuelven continuamente la atención al centro. La obra controla una forma potencialmente dispersa mediante un núcleo cromático y una densa red de signos. Su complejidad reside más en esta organización que en una posible alegoría del vuelo.

No hay fecha segura para situar la obra respecto a Maree y Mare e Cielo. En el lado izquierdo de la reproducción aparece una pequeña inscripción, pero la fotografía disponible no permite leerla con suficiente claridad como para registrarla como fecha cierta. Por ahora, la comparación con los años ochenta debe ser formal y no cronológica. La prudencia evita construir una secuencia ficticia y deja una tarea concreta para la investigación: comprobar la inscripción sobre el original o en una fotografía de detalle.

Valoración

Pesce volante destaca por la cantidad de movimiento que obtiene de una sola masa oscura. El ojo crea un punto de reconocimiento inmediato, pero la figura se complica en radios, piezas y fragmentos luminosos. La obra no se limita a oponer un animal al fondo azul: vuelve inestable el límite entre cuerpo y espacio. Esa inestabilidad permite que convivan energía figurativa y construcción abstracta sin que una borre a la otra.

Dentro del corpus de Oppo, la obra permite comparar tres usos diferentes del azul: campo abierto en Mare e Cielo, tejido dividido en Maree y espacio comprimido alrededor de una forma dominante aquí. La relación se refiere a color, ritmo e impacto visual; no basta para fijar el año. La ficha mantiene abierta también la diferencia entre acuarela y témpera. Estos límites documentales no debilitan el juicio compositivo, siempre que el comentario no los esconda bajo un relato demasiado seguro.

La principal cualidad es el cambio de escala. La silueta se impone enseguida, las pequeñas piezas obligan después a detenerse y los abanicos devuelven la mirada al formato completo. El negro tiene peso, pero los azules y naranjas impiden que quede inmóvil. La forma parece a la vez construida y a punto de disgregarse: un equilibrio difícil que da a la denominación Pesce volante un valor evocador sin convertirla en clave interpretativa obligatoria.